El blanqueo de dientes vitales se ha convertido hoy en día en una técnica rutinaria en muchas clínicas dentales, llegando a convertise en el tratamiento estético más frecuente en la odontología moderna.
Se trata de la técnica más simple, poco invasiva y económica de la que disponemos para aclarar el color de nuestros dientes.
Debido a la mejora de las técnicas y los resultados en la actualidad, tenemos cada vez un mayor control sobre la apariencia y color de los dientes. Esto no sólo nos permite mantener unos dientes sanos, sino también jóvenes y atractivos.
La genética determina el color de los dientes. De hecho, algunos individuos lucen unos dientes muy blancos y otros con un ligero tono amarillo. Sin embargo, el cómo tratemos nuestra boca influirá en el aspecto de nuestros dientes.
Son muchos los factores que intervienen en la decoloración de los dientes. Por ejemplo, una mala higiene bucal, el tabaco, un consumo excesivo de café y algunos alimentos, como las cerezas, las frambuesas o el vino manchan los dientes y hasta pueden perjudicarlos.
Sin embargo, existen técnicas muy eficaces para devolver a la dentadura todo su esplendor. El método más común es la combinación de un agente químico que se administra en el propio domicilio y que se complementa con administración de otro en la clínica dental.
Se aplica con una fuente de energía que puede ser el láser, la luz de plasma, la luz halógena o administración de calor para acelerar el proceso químico.
A pesar de todo, el color que se consigue tiende a revertir con el tiempo, al menos parcialmente, por lo que es necesario tratamientos de mantenimiento. Su frecuencia depende de los casos y de las exigencias estéticas de cada paciente.
Por el contrario, los dentífricos no consiguen blanquear por sí solos. Además, se trata de pastas abrasivas que, debido a una utilización muy continuada, “pueden provocar hipersensibilidades”, recuerda el doctor.